en el estacionamiento de la villa los presidentes siempre había un camión con un espejo grande pa verme las imperfecciones de la cara y encontrarme care poto o pasable dependiendo del día. Ya era una costumbre pasar por ahí y correr el espejo para que con precisión pudiera verme. Un día salí como siempre al encuentro con mi realidad, porque el espejo del baño de ese departamento con poca luz siempre me engañaba, corrí el espejo y a lo lejos una voz prepotente de hombre me dice
- Así que vo soy la que me corre siempre el espejo
con cara de gueona asusta le digo que no, que primera vez que lo hacia
- claro gueona, seguro que es primera vez, cada vez que me subo al camión esta corrió el espejo
casi llorando, con la voz tiritona le digo que de verdad primera vez que lo hacia
- ya sale cagando de acá si no querí que llame a los pacos, porque es un delito correr los espejos, no veí que si los corrí no puedo ver bien cuando manejo
casi corriendo, apreto cuea y camino por el parque llorando como si mi papa me hubiera retao por mandarme una caga y yo muy sensible hasta pena siento de la forma en que me hablo el viejo culiao.
La cotetita sin aprender la lección, se dio cuenta que en el mismo estacionamiento había un furgón escolar con un espejo parecido al del maldito camión y sin pensarlo se dirigió a el pa mirarse la cara de punto negro que tiene. tenía nueva vista panorámica de mi grandota cara y esta vez nadie me reto ni insulto por un acto tan común y aveces fastidioso de mirarse al espejo.
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